Gracias a los denodados esfuerzos de los historiadores, los críticos y, sobre todo, los estetas, hoy día los legos cuentan con un buen número de fórmulas fáciles, frases famosas y conceptos precocidos para definir toda clase de movimientos artísticos y tendencias estéticas. Lo malo del asunto es que hay algunos de estos movimientos que, en su terca necedad y voluntariosa obcecación, se resisten y además se rehúsan a ser clasificados y definidos con facilidad. Tal es el caso del divertido, irreverente, anárquico, auto paródico y finalmente autodestructivo episodio dadaísta de la historia del arte... o del no-arte, que es como sin duda sus profetas, practicantes, acólitos y epígonos hubieran preferido que se le llamara. En la búsqueda de datos al respecto, aparecen algunos términos que dan una idea parcial del asunto, aunque no resuelven las dudas mayores: internacional, nihilista, desaforado, destructivo, demoledor, anti ético, antiartístico, anti bélico, anti institucional. Dada como anti casi todo.
Una revisión exhaustiva, pormenorizada y eficaz de las respectivas hojas de vida de los autores de Dadaísmo que son anti artistas demuestra que se dedicaron fundamentalmente a labores de anti literatura y anti arte plástica. Ahora, es casi que imposible encontrar algo que compruebe que en el enrarecido círculo de los dadaístas se aceptaron anti compositores. Existe un disco compacto titulado Dada et la musique, que asume con valentía singular el hecho de que no parece haber existido tal cosa como la música dadaísta. De hecho, las primeras frases del folleto que acompaña al Cd Francés son éstas: "No hay música Dada. No realmente". Sin embargo, una revisión más cercana y puntual de los anti espectáculos, saludablemente irreverentes, perpetrados por los anti artistas del movimiento Dada, demuestra que en casi todos ellos la música jugó un papel importante. Así, de manera tangencial, se hace mención del hecho de que numerosos compositores e intérpretes participaron en esos espectáculos, dando así una componente sonora a los explosivos happenings que ocurrieron en los años (1915-1922) de auge del movimiento dadaísta. El mismo texto menciona un dato que bien vale la pena de ser ponderado, masticado y meditado: que fueron los compositores del grupo de Los Seis (Poulenc, Honegger, Milhaud, Auric, Durey y Tailleferre), junto con Satie, los músicos que más cerca estuvieron de expresarse en un estilo digno de los alcances inconmensurables del movimiento dadaísta.
Así, este irreverente Cd contiene trozos musicales de Satie, Honegger, Poulenc, Milhaud, el estadunidense George Antheil, y el checo Erwin Schulhoff, definido aquí como el más dadaísta de los compositores. Varios de los tracks contienen, además, lecturas de textos y poemas delirantes de autores como Ball, Tzara, Arp, ¡Vicente Huidobro!, Ernst, etcétera. Particularmente curiosos con un cierto valor anti histórico son los textos grabados en aquellos lejanos años en las voces de Schwitters, Hausmann y Hülsenbeck, y reproducidos en el cd en cuestión.
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